El Cabildo, una bandera de más de 200 años, experiencias interactivas, cocina de raíces andinas y una casa del siglo XIX convertida en hotel forman parte de una visita a la capital de Jujuy.
San Salvador de Jujuy, Argentina.- Nuestro primer contacto con la provincia ocurrió en El Cabildo, en pleno centro de su capital. Mientras esperábamos el inicio del viaje, unas figuras instaladas en sus patios despertaron nuestra curiosidad. Representaban escenas relacionadas con el Éxodo Jujeño, aunque entonces sabíamos muy poco de aquel acontecimiento.
La curiosidad quedó pendiente. Días después estaríamos nuevamente en San Salvador de Jujuy y encontraríamos algunas respuestas.
La ciudad tenía, además, otros argumentos para detenernos. Restaurantes, bares, comercios y centros comerciales acompañan la dinámica de una capital donde el patrimonio comparte espacio con la vida cotidiana.
El Cabildo, esta vez con respuestas

Al regresar, uno de los lugares que visitamos fue precisamente aquel donde habían surgido nuestras primeras preguntas.
El Cabildo funciona actualmente como un espacio cultural que reúne, entre otras dependencias, el Museo del Cabildo, cuya propuesta se distribuye en ocho salas con recursos audiovisuales, escénicos, interactivos y sensoriales.
Sus contenidos transitan por diferentes períodos de Jujuy, desde los pueblos originarios y la etapa colonial hasta las luchas por la independencia y la construcción de la provincia.
Allí aparece un nombre que volveríamos a encontrar con frecuencia durante nuestro viaje por el norte argentino: Manuel Belgrano, general y una de las principales figuras de la independencia de Argentina. Su presencia se repetiría en relatos, monumentos y calles de otras ciudades que visitaríamos.

En los patios reconocimos aquellas esculturas que habían despertado nuestra curiosidad el primer día. Instaladas en la Plaza Éxodo Jujeño, rinden homenaje al desarraigo y la resiliencia del pueblo jujeño. El proyecto comenzó en 2022 y las piezas fueron trasladadas a El Cabildo en julio de 2024.
El Éxodo Jujeño ocurrió el 23 de agosto de 1812. Ante el avance de las fuerzas realistas, Belgrano ordenó la retirada de la población y la eliminación de recursos que pudieran ser utilizados por el enemigo. Miles de personas abandonaron la ciudad rumbo al sur, en un episodio que ocupa un lugar fundamental en la memoria colectiva de Jujuy.
Aquellas figuras que habíamos observado sin entenderlas al llegar finalmente tenían una historia detrás.
Una bandera de más de 200 años

La figura de Belgrano reaparece con especial fuerza en la Casa de Gobierno de Jujuy, donde se conserva una pieza excepcional: la Bandera Nacional de la Libertad Civil.
Belgrano la entregó al cabildo jujeño el 25 de mayo de 1813, como reconocimiento al pueblo por los sacrificios realizados durante las luchas por la emancipación. Confeccionada en raso blanco, lleva pintado en su centro el escudo de la Asamblea del Año XIII.
Más de dos siglos después, la pieza original permanece en San Salvador de Jujuy. Fuentes oficiales argentinas la identifican como la bandera más antigua y mejor documentada del país que se conserva con certeza de haber estado en manos de Belgrano. Desde 2015 está reconocida por ley como Símbolo Patrio Histórico de Argentina.
Actualmente puede verse en el Centro de Interpretación de la Bandera Nacional de la Libertad Civil, dentro de la Casa de Gobierno, en condiciones especiales de conservación.
Después de conocer todo lo que representa, encontrarnos frente a la pieza original de 1813 fue uno de los momentos que más llamó nuestra atención durante la visita.
El Éxodo Jujeño llevado a una experiencia 4D

La Casa de Gobierno ofrece además una experiencia inmersiva relacionada con estos hechos.
«Experiencia Éxodo: cuando Jujuy salvó a la Patria» utiliza tecnología 4D, imágenes, sonido, efectos especiales y movimiento para recrear episodios relacionados con este acontecimiento, las batallas de Tucumán y Salta y el regreso de Belgrano antes de la entrega de la bandera en 1813.
Los asientos se mueven durante la proyección, sumando un componente sensorial a la narración.
Museo, esculturas, bandera y tecnología presentan desde distintos lenguajes una historia que sigue muy presente en la identidad jujeña.
San Salvador fuera de sus museos
La capital no se agota en sus espacios patrimoniales.
San Salvador de Jujuy concentra restaurantes, bares, cafés, comercios y centros comerciales que mantienen movimiento durante el día y la noche. Para el viajero, esa oferta resulta especialmente útil si se elige la ciudad como base para explorar otros puntos de la provincia o se decide reservar tiempo para conocerla con mayor calma.
La gastronomía fue precisamente una de las formas en que nosotros continuamos conociéndola.
Nuestro primer locro, en Macedonio

Después de participar en el 18.º Congreso Internacional de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT) hicimos una pausa para almorzar en Macedonio Restó by Logros Café, ubicado en el patio colonial de la Casa Museo Macedonio Graz.
La elección guardaba una coincidencia particular con aquella mañana dedicada al periodismo: Macedonio Graz fue periodista y una figura de la vida cultural jujeña.
Para nosotros, sin embargo, aquel almuerzo tuvo otro pequeño hito: probamos por primera vez el locro.
De origen andino, se trata de un guiso tradicional preparado a base de maíz, auyama, habichuelas y diferentes tipos de carne, aunque existen variaciones según la región y las recetas familiares.
Macedonio quedó así asociado a nuestro primer locro en el norte argentino.
El Arribo, una casa que conserva su memoria

Nos alojamos en El Arribo, lo que fuera una casa de finales del siglo XIX que continúa perteneciendo a la misma familia.
Ese vínculo todavía puede verse en sus espacios. Fotografías antiguas muestran a los bisabuelos de la actual propietaria y a sus hijas; una de ellas fue tomada precisamente en uno de los patios de la vivienda.
Según nos explicaron durante nuestra estancia, la propiedad conserva paredes de adobe, pisos de pinotea, aberturas originales y mosaicos calcáreos. Otros elementos han sido restaurados procurando respetar sus características originales, entre ellos la pintura de los techos.
La continuidad familiar aporta un valor particular al alojamiento: no se trata de recrear la apariencia de una antigua residencia, sino de habitar por unos días una casa que todavía conserva parte de la memoria de quienes vivieron en ella.
Viracocha, sabores andinos para despedir Jujuy

Nuestra última noche en la provincia terminó alrededor de otra mesa.
La cena de despedida fue en Viracocha, un restaurante cuyo ambiente se sintió cercano, casi como comer en casa de los tíos.
Su propietario, José Ortiz, nos contó que el establecimiento lleva 24 años funcionando y que su cocina refleja la fuerte influencia andina presente en esta zona de Argentina.
Tamales, empanadas y otras preparaciones encuentran puntos de contacto con las cocinas de Bolivia y Perú, países con los que esta región comparte tradiciones e ingredientes. El propio nombre del restaurante, Viracocha, hace referencia a la divinidad creadora de la tradición andina.
Ortiz hizo, sin embargo, una precisión que decía mucho sobre la esencia del lugar: Viracocha no surgió como un restaurante pensado para turistas.
«En Jujuy comemos estos platos», nos explicó.
Quizás por eso nuestra cena tuvo aquella sensación de cercanía. Era la última noche antes de continuar hacia Salta y, en lugar de una despedida formal, terminamos compartiendo una mesa alrededor de sabores de la vida local.
A la mañana siguiente dejamos Jujuy.
San Salvador había sido nuestro punto de encuentro al llegar a la provincia y terminó demostrando que merece tiempo dentro de un itinerario por el norte argentino. El patrimonio, la gastronomía, los alojamientos con identidad y su dinámica urbana ofrecen razones para no verla únicamente como la puerta de entrada hacia otros destinos jujeños.


