Recorremos Jujuy, una provincia de identidad andina entre quebradas, pueblos, salinas, vinos de extrema altura, cultura e historia.
Jujuy, Argentina.- Antes de conocer a Lucía Sant, periodista jujeña y miembro de la Organización Mundial de Periodismo Turístico (OMPT), nunca había escuchado hablar de Jujuy.
Nos conocimos a través de la OMPT y, cada vez que coincidíamos en alguno de sus encuentros, Lucía hablaba de su provincia con el orgullo de quien disfruta mostrando su tierra. Mucho antes de aparecer en nuestro itinerario, Jujuy ya había despertado mi curiosidad.
Este septiembre de 2026 finalmente llegó la oportunidad de descubrirla.
Llegamos a Jujuy como parte de un Fampress internacional por el norte argentino y del 18.º Congreso Internacional de Periodistas y Profesionales del Turismo, celebrado en San Salvador de Jujuy. Allí, junto al periodista Salvador Batista, presentamos la conferencia «¿Cómo se transforma un mercado turístico? El caso Argentina–República Dominicana».

Jujuy fue nuestra puerta de entrada al norte. Y aquel lugar que durante años había conocido a través del relato de una colega comenzó finalmente a tener paisajes, sabores e historias propias.
Jujuy nos mostró otra Argentina

Ubicada en el extremo norte del país, Jujuy limita con Bolivia, Chile y la provincia argentina de Salta. Tiene una superficie de 53,219 kilómetros cuadrados, ligeramente mayor que todo el territorio de República Dominicana.
Su geografía se divide en cuatro regiones: Valles, Quebrada, Puna y Yungas, diferenciadas por su relieve, clima y biodiversidad.
Durante nuestra conversación con Federico Posadas, ministro de Cultura y Turismo de Jujuy, habló de esta provincia como «la más andina» de Argentina. La frase encontró rápidamente correspondencia con lo que íbamos viendo.
Para quienes viajamos desde la República Dominicana, Jujuy se aleja de muchas de las imágenes con las que solemos identificar al país. Aquí aparecen pueblos entre montañas, salares, cultivos andinos, celebraciones ancestrales y viñedos que crecen a grandes alturas.
Era otra Argentina. Una que desde el Caribe todavía conocemos poco.
De los Valles a la Puna

Nuestro primer encuentro con la provincia ocurrió en San Salvador de Jujuy, en la región de los Valles. Desde allí comenzamos a ascender hacia la Quebrada.
La ruta nos llevó por Tilcara, Maimará, Huacalera, Purmamarca y Salinas Grandes.
El cambio de altitud transforma progresivamente el entorno. San Salvador de Jujuy se encuentra a unos 1,259 metros sobre el nivel del mar; Purmamarca supera los 2,000 y Salinas Grandes ronda los 3,450.
Los números sirven como referencia, pero en la carretera la transición aparece en los colores de las montañas, la vegetación, la temperatura y los pequeños pueblos que acompañan el camino.
En la Quebrada de Humahuaca abordamos el Tren Solar de la Quebrada, viajando desde Purmamarca hasta Maimará. Allí continuamos por tierra entre cultivos, montañas y una visita a la Bodega y Viñedos Jesús Vilte.
Cada una de esas experiencias tiene su propia historia. Este primer recorrido sirve para situarlas dentro de un territorio mucho más amplio.
Una identidad andina que permanece

La identidad de Jujuy no aparece únicamente en el paisaje. Está presente en sus celebraciones, productos y costumbres.
Uno de sus símbolos culturales es la Pachamama. Durante agosto, distintas comunidades mantienen ceremonias dedicadas a la Madre Tierra, tradición profundamente arraigada en el norte argentino.
Esa herencia llega igualmente a la cocina a través del maíz, la quinua y las variedades de papas andinas, junto a preparaciones como humitas, tamales y empanadas.
Y aparece en una actividad mucho más reciente: el vino.
Jujuy ha desarrollado una producción vitivinícola caracterizada por viñedos situados a gran altitud. En la Quebrada encontramos vinos de altura, algunos procedentes de viñedos que superan ampliamente los 2,000 metros sobre el nivel del mar. Fuentes oficiales de la provincia utilizan además la denominación “vinos de extrema altura” para parte de estas producciones.
En Maimará tuvimos la oportunidad de acercarnos a esa historia desde una pequeña bodega familiar y terminar la visita con una degustación entre montañas.
De Lola Mora a Salinas Grandes

Nuestro paso por Jujuy comenzó en el Centro Cultural Lola Mora, en San Salvador, y continuó hacia Tilcara, Maimará y Huacalera.
Después llegaron Purmamarca, el Mirador El Porito, el Paseo de los Colorados y la inmensidad blanca de Salinas Grandes, antes de regresar a la capital provincial.
Allí nos esperaba otra dimensión de Jujuy.
En El Cabildo, su museo, la Experiencia Éxodo y el Palacio de Gobierno, la historia tomó protagonismo a través del Éxodo Jujeño, las guerras de Independencia y el legado de Manuel Belgrano.
Arte, historia, paisajes, tradiciones y gastronomía habían ido apareciendo a lo largo de una ruta que comenzó en los Valles y llegó hasta la Puna.
Intentar contar todo Jujuy en un único artículo sería reducir demasiado lo vivido.
Jujuy, una nueva referencia en nuestro mapa

Llegamos a Jujuy sabiendo poco de la provincia y nos fuimos con una imagen de Argentina mucho más amplia.
Para quienes viajamos desde la República Dominicana, el norte propone paisajes, tradiciones y formas de viajar diferentes a las referencias argentinas que nos resultan más familiares.
Jujuy quedó incorporado a nuestro mapa de Argentina y con suficientes historias para seguir contándolo.
Este artículo es el punto de partida. En Trvellers iremos recorriendo por separado las experiencias que dieron forma a nuestro paso por la provincia.
Cómo llegar a Jujuy desde la República Dominicana

Desde la República Dominicana, el viaje requiere una conexión para continuar hacia el Aeropuerto Internacional Gobernador Horacio Guzmán (JUJ), principal terminal aérea de la provincia.
Desde Buenos Aires, el vuelo a Jujuy dura aproximadamente dos horas. Al organizar el viaje conviene revisar qué aeropuerto de Buenos Aires utiliza cada tramo, especialmente cuando la llegada internacional y el vuelo doméstico operan desde terminales diferentes.
La vía terrestre es otra posibilidad, aunque requiere muchas más horas de viaje y resulta especialmente útil cuando Jujuy se integra a una ruta más amplia por el norte argentino.


