Conozca el Planetario de La Plata, su domo inmersivo y una experiencia entre terremotos, meteoritos, astronomía y un viaje virtual a la Luna.
La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina.- Sentir bajo los pies la simulación de un terremoto, sostener un fragmento llegado del espacio y, minutos después, situarse virtualmente sobre la superficie lunar.
Experiencias que parecen pertenecer a escenarios muy distintos convergen en el Planetario de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), ubicado en pleno Paseo del Bosque y convertido en una interesante parada para descubrir la vocación científica de la capital bonaerense.
Su ubicación, además, guarda una estrecha relación con la historia de la ciudad.
Una vocación científica que nació con La Plata

La Plata fue fundada en 1882 como una ciudad planificada. Desde sus primeros años, el proyecto de la nueva capital bonaerense reservó espacios para el conocimiento y la investigación, entre ellos el Museo de Ciencias Naturales y el Observatorio Astronómico, cuya construcción comenzó en 1883.
La Universidad Nacional de La Plata llegaría posteriormente. Creada en 1905, incorporó el Observatorio entre los pilares de su orientación científica y experimental. De ese desarrollo surgió la actual Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas, a la que pertenece el Planetario.
Inaugurado en 2013 en terrenos de la Facultad, el espacio prolonga con tecnología del siglo XXI una tradición científica presente en La Plata prácticamente desde sus orígenes.
Un domo para viajar sin salir de La Plata

El gran protagonista es su domo de 17 metros de diámetro, donde la proyección digital crea un escenario inmersivo capaz de recrear el cielo, modificar el paso del tiempo y trasladar virtualmente al espectador fuera de nuestro planeta.
Durante nuestra visita, una de las simulaciones nos llevó hasta la superficie de la Luna, específicamente al lugar donde alunizó la misión Apolo 15.
Desde allí observamos un cielo completamente oscuro, incluso durante el día lunar, y contemplamos la Tierra desde una perspectiva muy distinta a la habitual.
El domo nos reservó otra experiencia: una representación en cámara rápida del eclipse solar de agosto. En pocos minutos observamos la evolución del fenómeno y los cambios que se producen en el cielo a medida que avanza el eclipse.
La combinación de imágenes proyectadas y sonido envolvente hizo que la experiencia trascendiera la pantalla: todo ocurría sobre nuestras cabezas.
Cuando la ciencia se experimenta
El recorrido no comienza ni termina en el domo.
Antes de mirar hacia el espacio, sentimos la Tierra moverse bajo nuestros pies durante una simulación de terremoto. Luego tuvimos en nuestras manos un fragmento de meteorito, una experiencia especialmente llamativa por la posibilidad de entrar en contacto directo con un objeto llegado del espacio.
La visita incluyó además la biblioteca, reflejo del carácter académico del lugar y de su relación con la Universidad Nacional de La Plata.
Terremotos, meteoritos, astronomía y tecnología van apareciendo así a lo largo de un recorrido en el que la ciencia deja de estar únicamente en libros y explicaciones: se observa, se escucha y, en algunos momentos, hasta se puede tocar.
Ciencia en pleno Paseo del Bosque

El Planetario comparte el Paseo del Bosque con instituciones históricas como el Museo de La Plata y el Observatorio Astronómico, además de otros espacios universitarios y culturales.
Aunque su construcción pertenece a una etapa mucho más reciente de la ciudad, su presencia conserva una continuidad interesante con aquel proyecto urbano que, desde finales del siglo XIX, concedió a la ciencia un lugar relevante dentro de La Plata.
De La Plata al universo
En cuestión de minutos, la visita cambia varias veces de escala. El suelo se mueve bajo nuestros pies, un fragmento llegado del espacio pasa por nuestras manos y el domo nos traslada virtualmente hasta la Luna o acelera el tiempo para mostrarnos la evolución de un eclipse.
Esa sucesión resume buena parte del atractivo del Planetario de La Plata: acercar fenómenos terrestres y astronómicos a través de experiencias capaces de despertar la curiosidad.
Y resulta especialmente significativo que ocurra en una ciudad que reservó desde sus primeros años un lugar para la investigación científica.
Más de 140 años después, La Plata continúa mirando al cielo.


