La Institución Educativa Técnica La Marina, en Tuluá, forma jóvenes en turismo y agropecuaria a través de experiencias reales que fortalecen el desarrollo local.
Tuluá, Colombia.- La Institución Educativa Técnica La Marina demuestra que el futuro del turismo puede comenzar en un salón de clases. Ubicada en el corregimiento de La Marina, en el municipio colombiano de Tuluá, esta escuela rural ha convertido la educación en una herramienta para preservar la cultura, fortalecer el arraigo comunitario y preparar a nuevas generaciones para impulsar el desarrollo turístico de su territorio.
Durante nuestro recorrido por el Valle del Cauca, uno de los encuentros más inspiradores ocurrió precisamente aquí, donde estudiantes y docentes han logrado integrar la formación académica con experiencias turísticas, agropecuarias y culturales que reflejan la identidad de la región.
Una escuela conectada con su territorio

La jornada comenzó de una forma muy vallecaucana: a bordo de una tradicional chiva rumbera que nos condujo hasta el corregimiento de La Marina, un entorno rodeado de montañas, cultivos y comunidades que conservan vivas muchas de las tradiciones rurales del Valle del Cauca.
Al llegar a la Institución Educativa Técnica La Marina, encontramos un modelo educativo que trasciende las aulas convencionales. Allí, los estudiantes participan activamente en proyectos que combinan tecnología, interpretación del patrimonio, innovación y turismo.
Juegos interactivos, experiencias de realidad virtual y paneles informativos diseñados por los propios alumnos sirven para contar la historia, la cultura y los atractivos de su comunidad. Cada iniciativa busca acercar a visitantes y residentes a la riqueza del territorio desde una mirada fresca y participativa.
Formación técnica para impulsar el turismo rural en Tuluá

La institución cuenta con programas de educación media técnica enfocados en dos áreas estratégicas para la región: turismo y agropecuaria.
Según explicó el rector, Francisco Javier Arroyave Restrepo, la formación busca generar oportunidades reales para los jóvenes y fortalecer el tejido social de la comunidad.
«Aquí en la cabecera hay tres sedes, la de preescolar que va hasta segundo grado, otra sede que va de tercero a quinto, y esta es la de bachillerato que va de sexto hasta undécimo. Contamos con dos programas de media técnica: turismo y agropecuaria, donde trabajamos el tema de cultivar y el manejo de animales como cerdos, gallinas y vacas».
El educador destacó además el propósito formativo de la institución.
«Que puedan ser productivos socialmente, personas de bien. Retomando lo que funciona: la familia, las bases y la disciplina. La disciplina alcanza el conocimiento propio. Ese es un lema fundamental en la institución».
Su visión refleja una filosofía educativa donde el aprendizaje técnico se combina con valores humanos y compromiso comunitario.
Agroaventuras: el sendero que conecta naturaleza, cultura y educación

Uno de los proyectos más representativos de la institución es Agroaventuras, considerado su proyecto pedagógico insignia.
El sendero agroecológico y turístico forma parte integral del proceso educativo y permite que los estudiantes aprendan mediante experiencias prácticas relacionadas con la agricultura, el medio ambiente y la operación turística.
De acuerdo con información institucional, el proyecto cuenta con el acompañamiento de profesionales en áreas como agronomía, medio ambiente y zootecnia, además de la articulación con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) a través del Centro Latinoamericano de Especies Menores (CLEM) de Tuluá.
Su lema resume perfectamente la experiencia:
“La mejor forma de disfrutar el campo”.
Durante el recorrido, lo que parecía una caminata interpretativa se transformó en una inmersión cultural cuidadosamente diseñada por estudiantes y docentes.
Cultura viva en el sendero Agroaventuras

Entre estaciones temáticas, muestras gastronómicas y espacios de interpretación, el sendero permitió descubrir aspectos de la identidad vallecaucana que difícilmente aparecen en las guías turísticas tradicionales.
La experiencia incorpora elementos culturales permanentes que buscan fortalecer el sentido de pertenencia de los estudiantes y transmitir las raíces de la comunidad a quienes visitan el lugar.
Una de las docentes explicó que la propuesta cultural forma parte esencial del recorrido:
«Siempre hay una estructura establecida para la forma del sendero. Siempre va a haber el café, siempre hay actividades de aprendizaje, siempre están presentes elementos relacionados con nuestros ancestros. Constantemente trabajamos con los estudiantes para fomentar la cultura y que no pierdan sus raíces ancestrales».
La educadora señaló que las activaciones del sendero se realizan regularmente y que los contenidos culturales se integran a distintas áreas académicas como lenguaje y ciencias sociales.
Cuando los estudiantes se convierten en anfitriones

Quizás uno de los aspectos más memorables de la visita fue comprobar que los propios estudiantes son quienes conducen gran parte de la experiencia.
Cada estación estaba acompañada por jóvenes que explicaban con entusiasmo los proyectos desarrollados en la institución, las prácticas agropecuarias y los elementos culturales presentes en el recorrido.
La visita incluyó también la granja experimental, donde los alumnos adquieren conocimientos sobre producción agropecuaria y manejo sostenible de recursos.
En otro espacio, niños de los primeros niveles compartieron enseñanzas sobre huertos escolares y plantas medicinales. Allí descubrimos especies utilizadas tradicionalmente por las comunidades rurales y conocimos de cerca cultivos que forman parte de la cotidianidad local.
Fue uno de esos momentos que recuerdan que el turismo también puede ser una herramienta educativa.
Un modelo educativo que fortalece el desarrollo local

A lo largo del año, el proyecto Agroaventuras recibe visitas de jardines infantiles, colegios, universidades y organizaciones interesadas en conocer este modelo pedagógico.
Además de servir como laboratorio de aprendizaje, el sendero se ha convertido en un espacio abierto para caminatas, actividades recreativas y experiencias de interpretación del entorno rural.
Su alcance supera el ámbito académico. La iniciativa contribuye a fortalecer el sentido de identidad territorial, genera capacidades vinculadas al turismo y prepara a futuros profesionales que entienden el valor de su patrimonio cultural y natural.


